Pepito Pulido corregir texto

la historia de pepito pulido


para rectificar faltas de ortografía

Corregir las faltas de ortografía

Ejercicio 13 - Texto: Pepito Pulido


En este ejercicio, nosotros dejamos dos partes sin tocar. La carta de Pepito la dejamos tal como está escrita por el autor y la nota que el mismo introduce para expresar la frustración del padre. Ambas las ponemos en color rojo.

texto pepito pulido para corregir faltas de ortografía insertadas

Si vosotros queréis corregir la carta de Pepito, como una parte más del ejercicio,  pues adelante.

Lectura y revisión ejercicio 13:

Pepito Pulido 

Manuel Fernández Juncos


Pertenece Pepito a una familia acomodada, que si no es muy rica, tiene lo necesario para vivir desahogadamente. Sus padres intentaron darle una carrera científica y al efecto, le enviaron a un colegio de la capital para que hiciera en él los estudios preparatorios.

Seis años estuvo allí, bien a pesar suyo, y después de perder otros tantos cursos sin interrupción, suplicó a su padre le sacara de aquel establecimiento, asegurándole que estaba ya cansado de ciencias y de libros.

― Pero ¿es posible? le replicó el buen anciano - que así dejes los estudios, después de haber gastado inútilmente la mitad de mi fortuna.


― ¿Qué quiere usted, papá? Yo no le tengo afición a la medicina.

― Pues serás abogado, lo mismo da.

― Es que tampoco me gusta esa profesión. Luego, ¡hay tanto que estudiar!

― Pues bien, estudiarás para cura.

― No tengo vocación.

― ¿Y para ingeniero?

― Tampoco.

― Pues entonces, ¿cuáles son las carreras que más te agradan?

― Las de caballos.

Dejo a la consideración de mis queridos lectores el efecto que causaría al infortunado padre esta respuesta, dada por el hijo en quien tenía cifradas sus esperanzas.

El primer movimiento del anciano fue el echar mano a un garrote, con la no muy sana intención de moler las costillas al desaplicado estudiante; pero logró al fin reportarse, merced a la oportuna intervención de varios amigos, y bien pronto el amor paternal venció en su ánimo la justa indignación de que se hallaba poseído.

Por otra parte, el chico no había dejado de adelantar algo durante su permanencia en la capital: pues aunque en punto a instrucción no estaba más aprovechado que el día en que salió de la casa paterna, había adquirido en cambio cierta desenvoltura propia de aquel centro; iba a los bailes, fumaba cigarrillos y echaba el humo por la nariz, bebía sin arrugar el semblante, disputaba en las acera, hacía ruido en el teatro, reía a carcajadas en los templos, manejaba el bastón con mucha gracia y usaba lentes sin necesidad.

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No hay para qué decir que nuestro héroe volvió a su pueblo con grandes ínfulas de sabio y henchido de vanidad y presunción.

 

Para él, desde el alcalde que llevaba las riendas del gobierno, hasta el tío Cristobal que llevaba las del carro de la limpieza, todos eran unos babiecas. Hasta llegó a avergonzarse de su mismo padre, porque usaba pantalones anchos, siendo así que la última moda ordenaba llevarlos estrechos como funda de paraguas.


Pocos días después de su llegada, recibieron casi todas las muchachas casaderas de la vecindad una carta concebida en los términos siguientes:

''Mi ha dorada Señorita: la abrazadora yama que su angelicar beyesa a ensendido en mi pecho no es posible que á pague si de esa boca de corral y perlas no sale el barsamo tranquilizador que me cure la amorosa yaga que me han hecho esos brillantes luseros que hiluminan el filmamento de su hermosísima cara.

¡Ay Señorita! si usted fuera capaz de comprender toda la extensión de mis amorosas fatigas no fuera tan hingrata con el que la hiso dueña de su abrazado corason y es pera el suspirado sí para ser el más feliz de los irracionales su apasionado amante Pepito Pulido.''

Esta fogosa epístola que nuestro pollo tenía por el más perfecto modelo de las declaraciones amorosas, es obra de uno de sus condiscípulos que pasaba por muchacho de disposición y talento.

Pepito la adquirió en el colegio, mediante alguna moneda que su padre le había enviado para libros y, desde entonces ha hecho y repartido algo más de un centenar de copias sin variar en ellas más que la fecha y la dirección.                                                                   Manuel Fernández Juncos - (Pepito ''el Pollo'')

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